domingo, 23 de enero de 2011

Más allá de la realidad y de los sueños...

Fue entonces cuando una extraña sensación despertó en mí.
Por primera vez sentía una mezcla de sentimientos increíble. Sentía Odio, Ira, Rábia, Celos.
En ese instante solo me vino a la mente una imagen: Ella.
Supe entonces que despertaba en mí unas ganas locas de matar. Latigazo para mi buen corazón de oro.
Necesitaba explotar contra ella mi cóctel molotov de maldad.
Tan solo verla sufrir.
Llorar.
Gritar.
Suplicar.
Sangrar.
En mi mente persistía un extraño ideal de Kaos, una utopía que yo era incapaz de realizar... hasta que lo hice.
Quería sacar estas sádicas sandeces de mí. Mentira. Lo deseaba con todas mis fuerzas, eso me hacía feliz.
Cara a cara. Ni el mayor orgasmo estaba a la altura de mi satisfacción.
Su pequeña y suave nuca...sostenida fuertemente entre mis manos, presionando como nunca.
Momento de tensión.
Ella se ríe y mis dedos no dudan en dejarla sin aire. Dejaba marca, pero ella se reía mientras balbuceaba como podía las palabras: "Estás enferma, si me ha escogido, será por algo..." Todo esto con una sutil y pícara sonrisa.
Sí, lo estaba. Y más que ella. Así que dejé salir a flote mi más adorado sadismo.
Quería sangre. Querían mis papilas gustativas saborear el jugo de la venganza.
Sí, lo hice.
Guardaba en el bolsillo de mis rotos tejanos una vieja navaja que tarde o temprano pensaba usar.
¡Qué bien!, pensé. De algo me había servido toparme con una zorra, así podría darle uso a mi cobarde arma pero de forma valiente. Ella había cometido un eror, yo.
Entró en un peligroso juego en el que no debió entrar.
Estaba claro que yo ganaría, aunque perdiera lo que más apreciaba.
Poco a poco fui dibujando, trazando una bonita marca de sangre, probablemente dejaría una gran cicatriz de por vida. Aunque más probable era que en 15 minutos ese tatuaje se la quitaría. Mejor, así  no tendría que recordarme cada día al mirarse frente al espejo.
Ella se ahogaba con su propia sangre mientras yo le recordaba que el joderle la Felicidad a los demás se pagaba con un precio muy alto. Mis manos chorreaban y apenas estaba asustada.
Aún y así, la muy zorra no lloraba, no gritaba, no suplicaba. Qué decepción.
Esto no había acabado...necesitaba satisfacer mi sed con Él. Puto traidor.
Me dolía hacerlo en el fondo porque yo lo amaba. Pero prometí hacerlo y volví a por él. Prometí viajar 650km para vengarme si me era infiel.
Al verme se sorprendió, sus facciones lo delataban y me pidió que lo hiciera.
No fui capaz de matarlo, no del todo. Simplemente le rajé las muñecas y entre pequeños sollozos por un fuerte dolor desconocido en el pecho decidí irme.
Justo llegó la policía, no falla.
Entonces llena de orgullo canturreaba mientras el me veía desaparecer: "¡¡Volveré a ver el cielo y tú, estarás diez metros bajo el suelo, y tocaré de nuevo al viento y tú, estarás diez metros bajo el suelo...!!"
Tan solo verle llorar y dar la cara por ella me dolía. Fue entonces cuando me consideré una enferma.
Se me ocurrió una original forma de despedirme. Le mandaría un beso en el aire mientras le diría: "He matado a tu zorrilla". Por supuesto él no lo sabía.

Por fin desperté y ansiaba mi libertad, adoraba la realidad. Y la realidad es que Él está bien y somos felices.
La otra cara de la puta realidad es que Ella está viva y la Odio.
Tengo un serio problema...porque como he dicho...era un sueño, no una pesadilla. Por supuesto, no la parte de la infidelidad, sinó la del sadismo.



1 Gritos de libertad:

Lady Cherry Attitude dijo...

ZAS! Hago llorar a la propia felicidad ;)
Recuérdame siempre si te has sentido identificada, esto no es un juego :)

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